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La libertad de expresión sólo es entendible, pues, en una sociedad abierta y liberal. Es importante entonces comprender que ésta es un derecho irrestricto que no depende, en modo alguno, de ninguna de las características personales de quien la ejerce. En definitiva, uno puede ser un estúpido, un impertinente o un amante del peligro, y tener el derecho de expresar todas las estupideces, impertinencias o provocaciones que se le ocurran. Los muchachos de Charlie Hebdo corrieron un riesgo, eso es innegable, pero actuaron con todo su derecho al pretender hacerle una profilaxis dental sin anestesia a un tigre de Bengala.

Octavio Vinces en Sobre caricaturas e intolerancia publicado en Prodavinci, enero 2015

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